Defendamos las lomas

Construcción Civil. Se olvidaron de pedir justicia por Jared

Publicado: 2012-08-23

Diario EL TIEMPO – Piura. 

Martes: Hasta hace 15 minutos,  tenía 26 años y se  llamaba Jonatan Jared Cortez Sandoval. Acababa de salir de hablar con los encargados de la construcción  (ampliación del centro comercial). Lucía contento cuando anunció, compañeros, nos han ofrecido más cupos de trabajo en la obra, palmas compañeros. Así, satisfecho con aires de triunfo por conseguir lo que fue a buscar, se alejaba rumbo a la avenida Cáceres, cuando dos tipos de la moto negra le dispararon. Un tiro, lo ven agacharse, segundo disparo, tres, cuatro…

Y ahora ya no tiene vida de 26 años, ni se llama Jared. Solo es el octavo muerto de la racha de crímenes cometidos por sicarios ligados a mafias de construcción civil. Ayer (martes 21), era el protagonista de esa tonada que empieza a tornarse repetitiva en Piura, han matado a otro dirigente de Construcción Civil. Hoy nadie lo menciona en la marcha de construcción a punto de partir del parque infantil Miguel Cortés. “Hay grupos de desocupados que quieren opacar, hacer a un lado a los sindicatos legalmente constituidos”, dice Dennis Cruz, secretario general del Sindicato de Construcción Civil de Tacalá, cuando se refiere al caso de Jared, al que evita mencionar, mientras espera entre las bancas del Miguel Cortés: “Ayer, dicen que hubo un atentado contra un agremiado… ¿no? Yo digo, si uno es sindicalista, solicita lo que quiere ante un ingeniero en su oficina y con documentos, en lugar de hacerlo de manera informal”. Un tío dice que unos trujillanos tenían amenazado a su sobrino… ¿qué piensa usted?, pregunta un zambo de grabadora. “No digo nada, porque no sé. Si él lo ha dicho, él sabrá por qué.  Nada más”, dice Dennis, midiendo sus respuestas.

En eso, se inquietan sus acompañantes, cuando ven acercarse a un policía antidisturbios. Soy el teniente Rodríguez, mucho gusto, he venido a coordinar la seguridad para la marcha.  El uniformado verifica la Resolución 025 que autoriza la movilización del Sindicato Único de Trabajadores en Construcción Civil de Piura, suelta unas cuantas frases de cortesía policial y se va dando las gracias. Tal vez el uniformado se preparaba para encendidas frases y pedidos de justicia, pero no hay un solo cartel sobre Jared. Todo es tranquilidad.  No se ve tensión hasta que intentas hablar con uno, otro y un tercero y cuarto agremiado y simplemente enmudecen. Solo hablan los dirigentes. Avanzas hasta la única delegación de mujeres, ¿qué hace un grupo de mujeres en esta marcha? ¿Por qué van al final? ¿Son familiares de algún finado? Una mujer contesta con pregunta, ¿cómo dijo? Va a hablar, hasta que le hacen una señal. Desde la vereda y con tinte en el cabello, una mujer le prohíbe comentar cualquier cosa.

La marcha avanza por el centro histórico, con cornetas y música sindicalista y arengas impresas que el dirigente Juan Orosco va entregando: “Violencia y extorsiones por culpa de García, “Obreros trabajando … La mafia asesinando”, “Ministro de Trabajo, anula los registros, la mafia está matando”, “En costa, sierra y selva... repudio a la violencia”. Pero hay algo extraño. Nadie pide justicia para Jared.

Tal vez ya empieza a notarse aquí un problema común en las urbes más violentas del continente: la sociedad empieza acostumbrarse a la violencia. Con tantos delitos y muertos, ocho de ellos causados por sicarios,  ¿los obreros de la construcción y los piuranos en general, vamos camino a perder la capacidad de asombrarnos por un asesinato? 

-En Piura, la violencia solo dejó veintitrés muertos en el primer semestre del año, mientras en Trujillo fueron ciento treinta y cinco (en el mismo periodo). Acá, basta que haya un delito y los titulares inflan todo y la gente se alarma. En Trujillo, ya ni les llama la atención-, me dijo ayer un oficial de la Policía de alta graduación. Increíblemente, lo dijo en tono de queja. Pero, el efecto fue tranquilizador. Prefiero pensar que sí, que aún no hemos perdido el asombro ante la violencia. Aunque no lo parece en esta marcha.

Y por eso -pese a la mudez ordenada por algún dirigente-,  uno intenta escribir historias de tal modo que conmuevan, para ver si dejamos de seguir indiferentes -como dice la periodista colombiana María Jimena Duzán-  en esta especie de película de Disneylandia, en donde todo está perfecto, todo está bien, aunque tengamos una sociedad tremendamente violenta sin solucionar.

EL AUMENTO SALARIAL SOLICITADO ANTE CAPECO

Actualmente, un operario de construcción recibe cuarenta y cinco soles diarios, cuarenta y dos el oficial y cuarenta el peón. La Capeco ha ofrecido incrementar el salario en tres soles con diez céntimos,  dos soles con diez céntimos y un sol con nueve céntimos, respectivamente, mientras que el pedido de los gremios es que dicho aumento sea de: ocho soles para el operario, siete para el oficial y siete para el peón. 

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